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INSTITUTO OSCAR MASOTTA

DELEGACION COMODORO RIVADAVIA

INTERLOCUTORA: DIANA CAMPOLONGO

Coordinadores locales:

José Luis Tuñón, Mario Korman

RESEÑA DE LA CLASE DE RAÚL CARMONA

Este sábado 15 y, poniendo en acto un real refractario a toda simbolización, los vuelos salieron a horario. Raúl Carmona pudo venir a decirnos que, a juzgar por el programa, parecía que en Comodoro Rivadavia se supiera lo que es un analista. Al parecer no se sabe. Respiramos aliviados, no era solo nuestra pertinaz ignorancia. Nos recordó los imposibles freudianos y su correlato: la imposibilidad de acumular saber sobre ellos. Luego remarcó la vigencia del trípode de la formación: el análisis propio, la practica y el estudio sistemático, señalando el anudamiento borromeo de los tres. Esta articulación también permite situar algunos de los síntomas del analista, como la práctica ritualizada o la erudición universitaria.

La referencia al libro de François Jullien, Tratado De La Eficacia, le permitió distinguir el imperio, en occidente, de una narrativa heroica como fundamento de la acción, a diferencia de la cultura oriental, donde una acción, es concebida como un proceso. La intervención entonces, debe buscar su fundamento en la lógica interna del proceso.

Se sirvió luego de los discursos para situar la relación al saber y la imposibilidad, tanto en el discurso del amo, como el de la universidad y del analista. Haciendo hincapié en el que, el semblante que está en juego, es del objeto del fantasma del paciente. Se procura así despejar de ese lugar la influencia del objeto del propio fantasma. Esta condición se busca en los diversos modos en que se actualiza al posición analizante. Por ejemplo, recordó el modo en que Lacan señaló que era, desde esa posición, donde tomaba la palabra para desplegar su enseñanza.

La referencia al grafo del deseo, le permitió, tomando en forma invertida la curva de las respuestas, entender las sucesivas alternativas de un análisis: la caída del ideal, el desciframiento del síntoma, el reconocimiento del deseo, la travesía del fantasma, para encontrarse con la ausencia del Significante del Otro barrado y finalmente la pulsión, vivida ahora en otro régimen que el de la repetición y el síntoma. Allí también se encuentra la posibilidad de invención y la asunción del deseo del analista.

Por la tarde, un caso clinico sirvió para volver sobre lo trabajado en la mañana. En él se pudo apreciar como, la insistencia en las producciones de sentido, retardaba el progreso del análisis. Una vez más se verificaba que el lugar del analista se hace presente en sus obstáculos. El humor contribuyó a aligerar las exigencias del súper yo y renovar el entusiasmo.

José Luis Tuñón.

Reseña Clase Mario Korman

El día sábado 17/09/11, asistimos a la quinta clase del Seminario Clínico del IOM, a cargo de Mario Korman, quien expuso su trabajo “El deseo del analista”.

La primera cuestión que se señaló es que el en Seminario XI y en el escrito “Del Trieb de Freud y del deseo del psicoanalista”, Lacan apunta a una función del analista, vaciada de la persona del analista, es decir, no se trata de constituirse en otro sujeto, sino de representar una función. El ser del analista deja afuera, del dispositivo analítico, el deseo del analista, lo que conlleva a que el paciente quede fuera del análisis.

El análisis se inicia por una demanda al Otro, por la instauración del Sujeto Supuesto Saber. En la transferencia, hay un primer tiempo en que el análisis, se sostiene del Sujeto Supuesto Saber. En este punto, el ser del analista constituye un obstáculo sugestivo a la transferencia.

La sugestión es un problema del analista, al no diferenciar el paciente los significantes de su demanda, de los objetos de la misma, empujando al analista a identificarse con el lugar del saber o con el objeto del fantasma. El discurso del analista hace del lugar de la falta del Otro, deseo del analista. El deseo del analista instaura en el no todo su des-ser, el semblante de a.

Lacan señala que no se puede hablar de transferencia sin interrogar el deseo del analista; ella es un fenómeno que incluye al sujeto y al analista, pone en juego lo que el paciente demanda y lo que el analista desea. El analista está en posición de ser tomado como objeto causa del deseo del Otro.

El analista además de cifrar el deseo como deseo del Otro, debe ser soporte del objeto del fantasma del analizante en forma de presencia.

En “Momento de concluir” Lacan dice que el análisis no consiste en que uno sea liberado de sus síntomas (incurabilidad del síntoma). Lo necesario para tratar el síntoma es servirse del equívoco, para no nutrir al síntoma de sentido. Es por el equívoco que la interpretación opera, produciendo una reducción del goce del síntoma.

Lo incurable del síntoma consiste en no obturar el agujero esencial con la consistencia del objeto del fantasma. La ética del psicoanálisis se sostiene en el síntoma. Saber qué hacer con el síntoma, es el deseo del analista. Este deseo se sostiene en producir (en el análisis) este bien decir, este vaciamiento de goce del fantasma, vaciamiento de goce del Superyó.

El deseo del analista apunta a determinar, interrogar la causa del deseo del Otro. El deseo del analista es una incógnita, un enigma que en la transferencia es la presencia misma del analista. La transferencia es la puesta en acto, de la realidad sexual pulsional del inconciente, es decir, fantasma ligado a pulsiones sexuales, las pulsiones no dejan de ser convocadas a la transferencia. Es lo que permite que el deseo del analista pueda operar con ellas. Es solo de la ubicación del sujeto frente al objeto (a), del cual el analista se hace soporte, que la experiencia del fantasma fundamental, deviene pulsión liberada de su destino fantasmal.

La transferencia es un fenómeno que incluye juntos al sujeto y al psicoanalista, dicho fenómeno está ligado al deseo. Detrás del amor de transferencia se produce el encuentro entre el deseo del analista y el deseo del paciente.

En tanto hay inconciente, hay transferencia, y lo específico de esta última es la respuesta: el deseo del analista.

La transferencia es el vínculo por el que el sujeto procura adquirir una certeza sobre su ser, y allí el deseo del analista abre la posibilidad de producir un saber cierto. No se trata de un deseo subjetivo, sino del deseo como objeto. El deseo del analista está más allá de los ideales una colectividad, incluso la analítica, más allá de las identificaciones.

El estatuto del inconciente es ético, no ontológico; su existencia depende de un deseo. Es solamente el deseo del analista el que puede hacer existir el inconciente. El deseo del analista no está fuera de la práctica analítica misma.

El deseo del analista produce el campo de la experiencia no como sujeto dividido sino como objeto. Objeto que causa el deseo; el objeto (a) causa que va a dividir al sujeto. Por otro lado está la presencia del analista, que con su deseo, causa el deseo del Otro.

¿Cómo opera en la clínica el deseo del analista? Se trata de que logre la máxima diferencia entre el Ideal y el objeto, es decir, interpretar. Que opere sobre el vaciamiento del goce, separar el saber del goce.

El efecto de la interpretación es el surgimiento de un significante irreductible, se trata de deshacer la metáfora que ha fijado al sujeto a un significado fijo. No se trata de sumar significados a los significados que ya vienen dados por el Otro. Cada sujeto tiene sus significantes amos que lo determinan y hay que encontrarlos, se trata de hacer caer esos significantes que dieran identidad al sujeto.

Ps. Martín Caprino Coco