Ф M 2

INSTITUTO OSCAR MASOTTA

DELEGACION COMODORO RIVADAVIA

INTERLOCUTORA: DIANA CAMPOLONGO

Coordinadores locales:

José Luis Tuñón, Mario Korman

Nota sobre Violencia/s

Publicamos la nota realizada por el diario Patagonico a José Luis Tuñón, con motivo del 112º aniversario de la fundación de la ciudad de Comodoro Rivadavia. Como aun no esta el link en el Diario, compartimos provisionalmente en PDF haciendo clik aquí




El Sujeto Está Triste


Últimamente ocurre que me llaman para hablar del sujeto, es algo raro lo que pasa con esta palabrita, cuya importancia no parece estar clara, y para peor, como se la ha incluido a mansalva en toda clase de presentaciones, despierta un fastidio parecido al de paradigma, por ejemplo, otra palabrita usada hasta el hartazgo.
En alguna de esas charlas recibí una respuesta que me sorprendió: - el suyo es un sujeto triste, me dijeron. Alguien fue más lejos y dijo que un sujeto así debería pegarse un tiro (¡aunque hablaba en contra de la violencia!) Otra persona, militante de causas diversas, dijo que mi sujeto estaba triste porque no conocía el heroísmo de los setenta. Otra ocasión en la que recibí una respuesta similar fue en unas jornadas de reflexión sobre violencia familiar. Supuse que en un ámbito así no encontraría objeciones a exponer el malestar del sujeto contemporáneo. Es más, ¡me habían pedido que hablara de ello! Y sin embargo también se despertó una reacción sorprendente; en este caso un reto por no confiar en que los males de los que hablaba se resolverían en el futuro.
Pero el psicoanálisis tiene al sujeto en el centro de su materia y por supuesto a su malestar, empezando por el célebre Malestar en la Cultura, título que suele usarse como una puerta de entrada al tema. Porque el malestar contemporáneo va en aumento, el saber disponible no parece suficiente, o al menos está en una encrucijada en la cual la varita mágica de los protocolos no lo ayuda mucho. Ahí es cuando el psicoanálisis tiene algo para decir, al menos no ha cedido a los cantos de sirena cientificistas.
¿De qué hablamos cuando nos referimos al sujeto? En principio de la experiencia subjetiva, es decir de los modos en los que cada cual accede a su propia experiencia y a la forma que toma para cada uno. Dicha forma da como resultado, tanto las continuidades, como las rupturas. Las primeras son las que permiten percibirla como un continuo histórico, eso que solemos llamar identidad, en cambio las rupturas, sufrimientos, agachadas, elevaciones y dobleces, son los modos más o menos sintomáticos que interrumpen esa continuidad, más ilusoria que concreta.
Esa experiencia subjetiva es borrosa, ambigua, y en ella no resulta fácil reconocer las intenciones, los sentimientos y hasta los deberes de cada cual. Sin embargo, es sobre esa experiencia que tomamos decisiones y hacemos acuerdos (o desacuerdos) con los demás. Justamente, por eso es que la gente conversa sobre su experiencia y frecuentemente busca orientación. Lo impreciso de esta experiencia es una condición generalizada, de la que ningún normal queda a salvo, a excepción de aquellos que se identifican a figuras de perfiles muy nítidos, como los ganadores o los perdedores; los héroes, los villanos ¡y también los sufridores!
La experiencia subjetiva requiere ser reconocida, interpretada en sus intenciones y suele rondarle un aura de sentido incógnito. Eso con la nuestra, ni qué decir de la de los otros, a cuya experiencia subjetiva solo accedemos por lo que nos dicen o hacen.
En las charlas que mencionaba usé abundantes ejemplos de la imprecisión de dicha experiencia. Suponía que era la mejor ilustración de la categoría de sujeto, tal como la entiende el psicoanálisis. Pero para mi sorpresa, esos ejemplos lejos de ilustrar mejor el campo del que estábamos hablando fueron atribuidos a “mi sujeto”, como si fuera un personaje concreto, imaginado por mí, y al cual, en el colmo del descaro, pretendía promocionar, dándole un alcance universal. Entonces me llovieron los retos y los remedios, como recordarme a los héroes de las luchas populares, o reprocharme la falta de fe en que un futuro resolverá todos nuestros males.
¿Por qué razón un hecho tan evidente como éste encuentra tantas resistencias y respuestas airadas?
Primer malentendido: lo inconsistente de esa experiencia no debe ser tan evidente como a mí me parece, más bien creo que se lo carga en la cuenta de los errores, propios o ajenos, o en la falta de información, cuando no de la famosa educación. Se supone que la ambigüedad propia de la experiencia subjetiva es un error a corregir y por lo tanto no debe ser tomada en cuenta. Cuando alguien habla cree firmemente que sabe lo que dice y procura mostrarse íntegro, sin dudas o vacilaciones, y cuando no puede evitarlas promete corregirlas.
Segundo malentendido: la experiencia requiere tiempo para ser reconocida, en cambio, la imagen que damos a ver solo dura el instante en que se ve. Aunque ese instante dure años y nos llene el pueblo de fobias.
Sin embargo en el arte, y especialmente en la comedia, se ha hecho abundante uso de esa inconsistencia y de los embrollos a los que nos conduce, pensemos solamente en esos personajes que compone Woody Allen con lo mejor de la neurosis contemporánea. Otro malentendido: una cosa es la ficción y otra la realidad, no mezclemos que oscurece.
No quiero extenderme mucho, pero hay más malentendidos en mi tozuda transmisión del concepto de sujeto. En psicoanálisis solemos tomar esta categoría como una respuesta, es decir: ante un asunto cualquiera en el que se nos exige responder, solemos hacer algo; pero luego de hacerlo - luego - constatamos lo que hicimos a partir de las consecuencias. Sólo a posteriori tomamos noticia de los alcances de lo que hicimos y ello suele mostrarnos - a la vuelta - alguna verdad acerca de nuestras intenciones. Pero claro, eso nos hace sentir como dando palos a ciegas y en la sociedad del espectáculo hay que verse bien mirado; andar a tientas y corrigiendo no tiene buena cámara.
Forma parte de lo obvio del concepto, pero hay que decirlo: un sujeto no es un individuo, esta es una categoría administrativa, propia del modo en que somos contados - de a uno - en los diversos sistemas en los que estamos inscriptos. Tampoco es una persona, que es una categoría moral. Las dos son de alcance universal, y es solo a esa condición que puede aplicarse la idea - también universal - de igualdad, por ejemplo. Pero no hay dos sujetos iguales, salvo en su inconsistencia. Se podría hacer un chiste malo y decir que no hay dos sujetos iguales ¡ni en la misma persona!
Cuando intenté trasmitir esta inconsistencia a mi audiencia la reacción fue natural: - ¡usted será el inconsistente! ¡que nos viene a cargar a nosotros con su neurosis!¡Hágase tratar!¡anormal!
Es el remedio más extendido para defendernos de la inconsistencia:  endilgarle al culpa a otro. No falla, aunque suela desbarrancar en discusiones interminables que se zanjan apelando a la unidad futura. Ah! la unidad!, y a la comparación con esos otros a quienes les va bien, supuestamente por estar unidos. La unidad es la unidad.
En nuestra cultura, occidental y cristiana, la culpa era el nombre más extendido para esa inconsistencia, su influencia obligaba a tener en cuenta nuestras propias acciones para librarlas del pecado. Fue un sistema eficaz durante unos cuantos siglos. Pero luego, y el psicoanálisis tiene su parte en ello, la culpa se fue convirtiendo en una más “científica” responsabilidad que puede cuantificarse y gestionarse en una aseguradora de riesgos. Bien mirado, una ristra de padrenuestros tenía el mismo propósito.
Pero hay una última razón que hace que mis charlas terminen a los tomatazos. Se trata de un cambio reciente, de no más de veinte años y que podría enunciarse así: donde hubo inconsistencia debe haber satisfacción y si no hay la suficiente es porque alguien está faltándole a sus derechos…de consumidor. Entonces el sujeto asume que su inconsistencia es un perjuicio que le están causando y reclama un resarcimiento, una respuesta, como le dicen en los noticieros. La acción se reparte entre los perjudicados y los que gestionan la reparación, que además adquieren el beneficio adicional de librarse de la propia inconsistencia de un modo radical: los inconsistentes son los otros. No es mal negocio, junta a la izquierda con la derecha y a los técnicos con los militantes. Hasta los periodistas y los políticos. Todos tras la gestión del derecho afectado. Se terminaron las complicaciones del sujeto. Un mundo claro donde cada uno encuentra su target y muestra su mejor perfil. Para saber que hacer solo hay que encontrar el protocolo adecuado (que debe estar en google). Cuando falla es fácil, hay que ver quienes son las víctimas y quienes los victimarios. ¡Que tanto jorobar con males viejos y sujetos tristes!
- ¡Ve lo que le decimos! ¡Hágase tratar maldito reaccionario!

José Luis Tuñón