Ф M 2

INSTITUTO OSCAR MASOTTA

DELEGACION COMODORO RIVADAVIA

INTERLOCUTORA: DIANA CAMPOLONGO

Coordinadores locales:

José Luis Tuñón, Mario Korman

Taller de Lectura 2-5-14




El Próximo Viernes 2 de Mayo, en el aula del Museo Ferroportuario, se realizará el Taller de Lectura Sobre el el Parágrafo "Fronteras Móviles" (pag. 75 a 81") del Libro "Sutilezas analíticas"  de Jacques-Alain Miller.

por cualquier consulta pueden escribirnos a este mail 

Los Esperamos.

III Jornada del IOM2 en Patagonia:




La fragilidad del lazo.  ¿Cómo convivir con el otro?

El  5 y 6 de Septiembre de 2014 se llevarán a cabo en la ciudad de Neuquén las Terceras Jornadas Patagónicas del Instituto Oscar Masotta, que se realizan cada dos años. Las anteriores fueron en las ciudades de Bariloche (Río Negro) y Comodoro Rivadavia (Chubut).
El Instituto Oscar Masotta fue creado en el año 2000 para la investigación y docencia del psicoanálisis en el interior de la Argentina. El IOM y sus Centros de Investigación y Docencia (CID) cuentan con los auspicios del Institut du Champ Freudien, con sede en París,  y el Departamento de Psicoanálisis de la Universidad de París VIII.
En estas nuevas jornadas se trabajará en torno de la particular fragilidad de los lazos sociales contemporáneos, la cual se expresa en un malestar creciente entre vecinos, prójimos, próximos. Lo mismo –a su vez- impacta en las presentaciones de los padecimientos subjetivos actuales,  generando formaciones sintomáticas particulares: adicciones, violencia (en cualquiera de sus presentaciones), angustias, depresión, psicosis, autismos.
Asimismo atenderemos a su articulación con las “nuevas formas” familiares y amorosas, de las cuales dichos lazos se desprenden.
Tanto Freud como Lacan entendieron que en la relación al prójimo habita un dilema a resolver en lazo con los otros. El carácter estructural de esta problemática se refleja en que toda sociedad, en cualquier época, ha buscado la manera  de articular y regular las pasiones entre semejantes. En psicoanálisis es una pregunta abierta en todo momento, ya sea a partir de los dispositivos analíticos como en el intercambio con la sociedad, la cultura o las organizaciones -analíticas o no-.
Trabajar los efectos que tiene el discurso contemporáneo, interrogando el modo de tratamiento y abordaje de estas presentaciones, es –desde el psicoanálisis- fundamental para incluir una ética distinta.
¿Cómo responden los distintos dispositivos de atención a los que se dirigen, tanto privados como públicos?
¿Cómo abordar la tensión entre las ofertas discursivas sociales y la invención singular, en estas presentaciones?
¿Cómo se traduce este fenómeno en el arte y la cultura en general?
Para contestar estas y otras preguntas que vayan emergiendo, invitamos a todos aquellos que asumen la responsabilidad de contestarlas cotidianamente a participar con sus aportes, sus experiencias o su presencia a estas Jornadas.
Fecha límite para la presentación de copetes: 15 de junio.
Fecha límite para presentación de Trabajos completos: 15 de julio.
Aranceles desde el 31/03 hasta el 10/07: Profesionales: $500    Estudiantes: $ 250
Aranceles desde el 31/07 hasta el 12/09: Profesionales: $600    Estudiantes: $ 250
Informes e inscripción: inscripcionjornadas2014@gmail.com

Próximas Actividades abril

El viernes 25 de Abril el IOM2 no realizará actividades abiertas.

Mientras que probablemente por ser el 2 de mayo feriado puente, la actividad de Taller de lectura se realice el Sábado 3 de mayo a las 10hs. (ESTA FECHA Y LUGAR ES A CONFIRMAR)

actividad 11-4-14

Hoy a las 18hs, en el aula del museo ferroportuario se realizara el primer taller clinico del año.

Los Esperamos



Reseña Clase de Diana Campolongo


Los días 28 y 29 de marzo del 2014 la Delegación IOM2 Comodoro Rivadavia tuvo el gusto de recibir a su interlocutora Diana Campolongo, quien ofreció su entendimiento hincando sobre
la pregunta ¿A dónde va el Psicoanálisis? Señaló que el psicoanálisis se mueve y propuso
situar el recorrido de Lacan teniendo en cuenta su sesgo político y su vinculación con la época.
Comenzó recortando tres escritos de Lacan: “Variantes de la cura tipo” (1955), “Situación
del psicoanálisis y la formación del analista” (1956) y “el psicoanálisis y su enseñanza”(1957).
Aquí, Diana entiende que Lacan se pregunta y se seguirá preguntando a lo largo de su enseñanza,
¿Qué es el psicoanálisis? Una de las respuestas que da es: “es lo que hace un psicoanalista
y un psicoanalista no es sin el pase”. Afirmado esto, en 1967 en la Proposición del 9
de Octubre. Luego de la excomunión (1961), momento en el cual la IPA rechaza finalmente al
“problema Lacan” de su institución. Dentro de la Escuela Freudiana de Paris que formara Lacan
en 1964, Diana hace hincapié en dos de las tres secciones de dicha escuela. Por un lado una
que hace al psicoanálisis puro respecto de la formación del analista y el psicoanálisis aplicado.
Respecto del texto de Miller “Como se deviene psicoanalista en el siglo XXI”. Diana recorta
que un psicoanalista es producto de una operación, el analista como objeto producido en el
análisis. Es producto y no efecto de un análisis. El efecto implica una causa, como el significante
causa el A, en cambio el producto es un resto. Tomando el algoritmo de la transferencia
y apoyándose en un caso clínico, Diana, verificó cómo el deseo del analista a partir de su ignorancia
convoca a una aventura subjetiva en la experiencia psicoanalítica.
Situó las dos vertientes del síntoma, como saber inconsciente y su costado pulsional, el
goce. Tomó el síntoma goce para decir que no se descifra, que es autista en tanto no se anuda
al Otro y que es el goce lo que hace durar al síntoma. Tomando el seminario 22 RSI (1974),
dice: el síntoma es una F(x) que da cuenta de la escritura salvaje de la letra. La letra no significa
nada. Y hace el siguiente gráfico:

Síntoma letra (salvaje) sss---------> Otro de la significación
                                                     Operación analítica
                        < -----------------------
Sinthome

Hay una dimensión sintomática de padecimiento y el sinthome produce reparación. En el
lapsus, en el error del anudamiento ahí aparece el síntoma. El sinthome se ha hecho con los
restos sintomáticos y va al lugar de la no relación sexual. El síntoma viene de lo real y toma
el campo simbólico. Diana Campolongo trabajó el testimonio del pase de Gustavo Stiglitz:
¿Cómo es que no fui? Entendiendo que, en esta experiencia analítica, se verifica con claridad
el trabajo con el síntoma y sus restos. La transformación de un fantasma de excluido del Otro
a la idea que se hizo del deseo del analista como extraterritorial, una invención, un sinthome
que no es sin el goce de la pulsión. Diana también destaca que “el analista hace existir para
sus analizantes, esa lengua extranjera”, esta lengua extranjera, es lo que viene del Otro del
inconsciente, pero a la vez es lo más singular. La idea es hacer de lo extranjero lo más singular.
Y por ultimo transmitió que la enseñanza de Lacan “acompaña” la época, en tanto caída de
lo simbólico. Tener lo real como horizonte, para que no se produzca una inflación de lo simbólico,
apuntando a su de- consistencia. Agujerear el saber para poder terminar un análisis.

                                                                                            Romina Cuadrillero

Masotta, Lacan, Barcelona.* Nora Cattelli (Barcelona)


Cuando llegó a Barcelona, a finales de 1975, había cumplido cuarenta y cinco años y estaba volcado casi enteramente a la enseñanza del psicoanálisis, por lo que aquí se lo recuerda, sobre todo, en su papel de difusor de Jacques Lacan.
Venía de una breve estancia en Londres, donde había pensado instalarse al salir de Argentina, en 1974, durante el frágil gobierno de María Estela Martínez de Perón, que cayó el 24 de marzo de 1976 y dio lugar, hasta 1983, al gobierno de las Juntas Militares y al terror de Estado.
En los tres años de Barcelona, hasta su temprana muerte en septiembre de 1979, se dedicó, por tanto, a enseñar psicoanálisis. Elegir una vertiente específica del pensamiento, la literatura, el arte o la sociología no estaba en su naturaleza, pero las instituciones psicoanalíticas son voraces y lo convirtieron, paulatinamente, en un hombre con una misión.
Antes, Oscar Masotta había sido muchas cosas, cumplido muchos papeles, ensayado muchas posiciones, adoptado muchas máscaras. En 1999 salió en Buenos Aires, compilado por Marcelo Izaguirre, “Oscar Masotta, El revés de la trama”, un libro que reúne todas esas máscaras: sobre ellas escriben y hablan críticos, historiadores, artistas, psicoanalistas, lingüistas, semiólogos. Y se encuentran, hasta cierto punto, con una misma y sorprendente característica: salvo en su dedicación final al psicoanálisis, las máscaras no fueron sucesivas, sino simultáneas. En el prólogo a “Conciencia y estructura”, donde Masotta reunió muchos de sus escritos hasta 1967, se lee: “Pero quisiera avisar al lector, además, con respecto a las fechas de publicación de los ensayos -1955-1967– que no intente descubrir en ellas los hitos de una evolución intelectual. Yo no he evolucionado desde el marxismo al arte pop, ni ocupándome de las obras de los artistas pop traiciono, ni desdigo, ni abandono el marxismo de antaño”. Muchos y superpuestos Masottas. Estaba el joven sartreano de la revista Contorno, que en los años cincuenta postuló, desde la izquierda, el primer rescate ideológico del peronismo: “No se trata de discutir si Perón era un payaso (o no lo era). Se trata de describir las con diciones que hicieron posible que ese hombre nos gobernara durante diez años, que esa ‘ilusión comique’ pudiera convertirse en la esperanza del proletariado argentino”.
Estaba el crítico capaz de reordenar la tradición literaria argentina a través de fulgurantes lecturas de Roberto Arlt, incluido “Roberto Arlt, yo mismo”, uno de los mejores textos de la literatura autobiográfica en castellano del siglo XX.
Estaba el innovador interesado en el cómic, que recoge a Humberto Eco, parafrasea a Roman Jakobson y está atento al Roland Barthes del estudio sobre la fotografía.
Estaba el animador precoz de happenings (en 1966, “El helicóptero” y “Para inducir al espíritu de la imagen”) ya la vez su inmediato deconstructor: “Quiero decir que de la misma manera que no soy ni músico, ni pintor, ni escultor, ni actor, ni director: no he comprometido ni comprometo el grueso de mi actividad ni mi futuro a ninguna de esas actividades. Quiero decir, además, que no creo en los happenings”.
Estaba alguien capaz de unir en una nueva sensibilidad la mirada sobre la cultura alta y la baja, dice Beatriz Sarlo, quien lo llama “intelectual faro”.
Estaba alguien, dice con justeza Alberto Giordano, que usaba como nadie el registro de la polémica, un registro que, sin duda, había aprendido de las trincheras existencialistas.
Estaba, al mismo tiempo, un triturador de tendencias filosóficas: Sartre, Merleau-Ponty, el marxismo y, dentro de esa mezcla urgente, ansiosa y extraordinariamente dinámica, Jacques Lacan.
Si algo define la cultura argentina de aquella época es su carácter autoconsciente del lugar -americano, periférico, multiforme– desde el cual se lee y de los modos de apropiación que ese lugar supone.
En los años sesenta, antes incluso de la publicación de los Escritos (1966), Jacques Lacan es leído por Masotta desde ese lugar: como parte de una membrana inaprensible y amplia, no sólo psicoanalítica, una membrana que, por definición, estaba fuera y dentro de las instituciones académicas o profesionales. Como lo estaba el mismo Masotta, que no había acabado sus estudios universitarios, pero al que la Universidad de Buenos Aires le dio un cargo, cuando fundó, junto con el arquitecto César Janello, un Centro de Estudios Superiores de Arte. En 1966 el golpe de Onganía, que terminó con el gobierno constitucional de Arturo Illia, intervino las universidades y acabó con esa tarea. Hay que recordar que eso supuso el primer exilio masivo de intelectuales argentinos: físicos, matemáticos, historiadores, críticos, antropólogos, gramáticos, sociólogos. Entonces se inició, en las principales ciudades del país, un tipo singular y eficientísimo de transmisión académica sin academia: los grupos de estudio.
Hubo grupos de estudio de El capital, de lectura de Hegel, de Freud, de lingüística, de literatura y peronismo, de literatura latinoamericana, de crítica y teoría literaria, del presidente Mao, e incluso de griego y de latín, porque hasta los profesores de estas disciplinas -al menos, los que entre ellos no venían del catolicismo de derecha– habían renunciado a la universidad. Los que no emigraron a Estados Unidos, Francia, Suiza o Venezuela reunían los grupos en sus casas, o en incipientes instituciones paralelas.
En 1973 hubo otra vez elecciones libres, pero la vuelta a la universidad, en medio de la efervescencia política y la creciente violencia, no liquidó ese modo paralelo de enseñanza, que se mantuvo más tarde, durante la terrible dictadura del '76, en medio de grandes dificultades y peligros. Porque pertenecía a esta tradición, el Oscar Masotta que llegó a Barcelona era ya, desde 1969, una figura principal de los grupos de estudio y un personaje influyente y absorbente de las instituciones psicoanalíticas: había fundado en 1974 la Escuela Freudiana de Buenos Aires, había viajado a París, había visto a Jacques Lacan.
Hay que decir “instituciones psicoanalíticas” y no “institución psicoanalítica”, porque en la Argentina incluso la pétrea delegación de la IPA (siglas en inglés para la Asociación Psicoanalítica Internacional fundada por Sigmund Freud) había sufrido diversas rupturas y cuestionamientos, y desde finales de los años setenta había incorporado la lectura de Jacques Lacan (no sus técnicas), mientras que la Barcelona a la que llegó Masotta poseía su propia –y aún más pétrea– delegación de la IPA, seguidora hasta hoy de la escuela inglesa (sobre todo de Melanie Klein y W.R. Bion) y en cuyos textos, programas y bibliografías el nombre de Jacques Lacan no suele aparecer.
Pero Masotta se instaló en otro orbe. Daba sus cursos en el estudio de Josep Guinovart, e inmediatamente se contactó con la mucho más esponjosa intelligentsia de Barcelona.
Era pausado, brillante, paciente, sistemático, ordenado, infatigable. Quien esto escribe puede atestiguarlo, porque asistió a unas pocas clases de uno de sus grupos de introducción a Freud y debió abandonarlas porque se desempeñaba como secretaria de dirección de una absorbente empresa multinacional de sulfato de aluminio.
Ese Masotta que llegó a Barcelona íntegramente dedicado al psicoanálisis ¿era el mismo que había salido de Buenos Aires? Puede conjeturarse que hay tres generaciones que sufren el destierro y lo sufren de muy distinta manera. Los niños y adolescentes son capaces, episódicamente, de mimetizarse con el país de llegada, los jóvenes son lo suficiente dúctiles como para volver a construirse una identidad o a transmitir la ya habida sin demasiado menoscabo narcisista. Mientras que los mayores de cuarenta años sufren una devastación mayor: ¿cómo soportar la invisibilidad que, a partir del exilio, los define? Imposible saber si entre los cuarenta y cinco y cincuenta años Masotta experimentó alguna vez la amenaza de esa mirada que atraviesa al extranjero sin verlo. Al parecer, no fue así, porque siguió sus tareas fundacionales, legó una importantísima biblioteca de psicoanálisis, viajó por toda España y se rodeó de discípulos. En ese brevísimo tiempo publicó algunos de sus más importantes textos sobre Freud y Lacan.
Hubo, en realidad, dos círculos de Masotta en Barcelona. Uno fue el psicoanalítico, con sus rupturas, alianzas, escuelas, nomenclaturas y cartas. Otro fue el de los letrados barceloneses atravesados por la urgencia de esos años singulares. Entre ellos estaba Alberto Cardín, muerto en 1992, a los cuarenta y cuatro años, poeta, narrador, traductor, antropólogo, crítico, fundador o animador de revistas –Diwan, Sinthoma, El Viejo Topo, Revista de Literatura o La Bañera– polemista, satírico clásico.
En 1993 se publicó Un cierto psicoanálisis, donde se reunieron sus acerados textos sobre los efectos de la llegada de esa peculiar flexión argentina en la trama intelectual de Barcelona. Todavía está por estudiarse ese cruce diverso, pero existió y he aquí una prueba: en la revista digital Virtualia (EOL) se encuentra una mesa redonda de 1977 sobre erotismo y pornografía hecha –siguiendo el modelo argentino– en casa de Masotta en Barcelona.
Hay que leerla. Allí discuten el mismo Masotta, Germán Garcia, escritor y psicoanalista argentino que también vivió esos años barceloneses, Alberto Cardín y, último pero no menos importante, Federico Jiménez Losantos.
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*Publicado en el periódico La Vanguardia-Culturas